miércoles

29.

Sientes que los días pasan y las ganas de llorar siguen ahí. Que no se van. Permanecen impasibles. Las lágrimas, sin embargo, no son capaces de aflorar. Se mantienen bajo resguardo, causando frustración e impotencia. Causando ese amargo dolor en el pecho, que te impide respirar con facilidad, que hace que las manos te suden y el corazón te lata a mil por segundo. Causando ese sentimiento de culpabilidad.
¿Culpabilidad por qué?
No te sientes culpable, no te arrepientes de lo que has hecho. No, no eres de esas. Tampoco de las que ríen con motivo ni de las que lloran porque sí. 
Pero entonces, ¿qué otra explicación queda? 
Tan solo puedes esperar. Dicen que el tiempo lo cura todo. 

Aunque también dicen que todo lo bueno siempre acaba como en un cuento. 

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